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Tanto

julio 2, 2011

Adoro cómo el óleo se transforma según la luz, según el filtro de la cámara. La misma imagen inmóvil cuenta historias distintas, y es distinto el frío, el calor, o la humedad.

Últimamente he vuelto a tener pesadillas con una Facultad de Bellas Artes, igual que hace doce años las tenía con un mercadillo, y hace veintimuchos con Frankenstein. Al final del sueño siempre te reencuentro, y eres distinto, y la luz es diferente, y yo he cambiado también.

Es delicioso cómo, pulsando un botón, la tela blanca se llena de nubes, y de mar, y una silueta en blanco de repente se convierte en alguien que llora, y narra el testimonio de alguien, ahora ya real e imaginario, que una vez tuvo que llorar.

Los sueños y las pesadillas están ahí, simplemente, vienen y van, porque tienen vida propia.

Los cuadros y los cuentos la tienen también, y los elijo yo.

El pasado no, porque ya no se mueve, y no hay sitio para él entre tanto disolvente y tantos papeles.

Quedan muchas cosas todavía, en general.

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Mancho

julio 18, 2010

 

He empezado a pintar al óleo.

Las horas se pasan como si buceara.

Me mancho los dedos y disfruto de los olores, las formas, el tacto y los matices, en un rapto que resulta casi, casi carnal.

Escribir y pintar es la misma cosa, he descubierto.  Pinto igual que escribo, en todos los sentidos. Dejo de buscar fuera lo que quiero hallar dentro de mí.

Y me muero del gusto, desangrándome en el resultado.

Es muy divertido.

K.O.

mayo 22, 2010

 

Hace unas semanas que me ocurre algo un poco extraño: me despierto dándome golpes. No son golpes demasiado fuertes, pero sí lo suficiente como para sacarme del sueño sobresaltado, y confuso por no conseguir recordar si estaba teniendo alguna pesadilla que los justificara.

Anteayer estaba escribiendo algo para colgarlo aquí. Hablaba sobre el arte, las palabras, y los desengaños.

Cada vez más, mientras escribo, tengo la certeza de estar contando insignificancias, porque en mi crisis de fe literaria y vital, que viene y va en ciclos, me resulta bastante costoso terminar cualquier texto que refleje de manera más o menos directa mi experiencia, o mis opiniones, que sé que al cosmos le importan poco menos que un cojón. Y dado que en las últimas semanas no siento demasiadas ganas de pseudopoetizar, empezaba a sentir que me llegaba al cuello ese asfixiante vacío que mana de forzarse a escribir, cuando lo que el espíritu te pide a voces es estar callado.

Estaba replicando aquello mismo de lo que hablaba, aún preso de mi trampa, con el lastre de mis inercias apresándome los pies.

Pero, mágicamente, alguien vino a sacarme de esa angustia prodrómica, a fuerza de bofetada verbal. Alguien que se alejaba.

A veces, lo más sabio es dejar atrás los sueños. Esto, todo esto, puede que no nos permita avanzar, en la dirección que sea que hayamos escogido. Me repito, sé que no es la primera vez que lo digo.

Ahora se mezclan imágenes un poco borrosas, a medio cuajar, con otras tan vívidas que dan ganas de partirse el esternón a puro grito. Pero y qué, ¡reacciona!, dan igual. Nada de esto es tan importante como el hecho de que hay que poner una lavadora, fregar el baño, madrugar mañana para ir al curro.

(Sólo quedan los restos de lo que ya no soy como referencia. Somos putas y estamos solas, ¿recuerdas?).

Entre toda esta misera existe, lo sé, aquello que estoy buscando. No es algo, ni es nadie.Pero para encontrarlo, para poder verlo, sé que es necesario pasar por esto. Por sacarse a hostias de los sueños. Desencajarte la puta mandíbula con una dosis de realidad.

El gran incendio

marzo 3, 2010

Se hundieron los muros y empecé a repetir “ya basta”

toda la frondosidad del desaliento acariciaba

húmeda y punzante

la palma de las manos

entonces el bosque ya no tuvo barreras

y los recovecos en los que perderse se multiplicaron

quince mil millones de veces

se perdió mi silueta escasa

de los ojos de las arañas

hasta que todas me olvidaron

hasta que se nos tragó la niebla

quince mil millones de noches

antes y después

del gran incendio

Cae

enero 24, 2010

 

Como cada frase es una clave

abrí la puerta a un mundo nuevo

cuando así aquélla

Dormité durante días en un nido

de discursos fragmentados

hasta que en la piel

la cicatriz de cada letra

se dejó por fin de notar

El gusano de la historia

en el vientre enjaulado

regado en sangre bullía

y un pequeño corazón

prestaba su ritmo al pensar

Antes de que sea tarde

antes de que sea mentira…

Es hora ya de lanzarse

por el borde en picado

No será un vuelo perfecto

ni del todo afinado

se oirá el trino

Pero ya asimilado el destino

(los labios manchados de tinta)

mal o bien

sólo resta volar

Nácar

diciembre 31, 2009
 
 
 
¿Recuerdas aquella pulsera
roja

que me regalaste?

Era una cinta de papel satinado

del que se utiliza para envolver pasteles

La ataste a mi muñeca

la noche de fin de año

porque iba a traerme suerte en el amor

según dijiste

Me la arranqué a mordiscos

una tarde

en la que dudaba entre cortarme las venas

o seguir viviendo

Decidí vivir

o simplemente lo hice

Pero asumí que una parte de mí

había muerto

desangrada por la herida

de las dentelladas

de la ausencia

El flujo drenado de los días

impregna ahora mi colchón

desde los pies a la almohada

y evito besar mi suerte muerta

cuando por las mañanas

amanezco

en otras vidas

y despierto

(a medias)

en otros cuartos…

con el resplandor nacarado

del vacío

brillando en mis muñecas

justo posado

 donde apenas una vez

conseguiste encontrarme el pulso

No matarme fue el primer paso

seguramente equivocado

para empezar a querer a otro

Tal vez

                                                             a mí mismo

Todo

noviembre 21, 2009

 

Sonríe:

 todo discurre en el vacío.

octubre 10, 2009

Y entonces ella reaparecía en la penumbra del otro lado de la sala y avanzaba hacia el escenario, el rostro cubierto por un velo liviano, las manos abiertas, vueltas las palmas hacia arriba, una expresión fanática en su faz…

Y ya, ¡ya sonaban los primeros acordes de piano! ¡Sólo existían los primeros compases, las cuerdas ocultas bajo la madera, confesando su presencia, y su mueca, su pose, su vector, su caminar!¡Y llegaría, tornaría sus ojos hacia nosotros, quizá, en cualquier momento!

Y nada, nada de lo que nos envolvía tenía ningún sentido…

Hasta que, finalmente, me invadió el Amor Universal.

Porque el Arte no es más que la manifestación de nuestro Absurdo.