Posts Tagged ‘señales’

Recuerdo

septiembre 20, 2010

Recuerdo aún

tus pies fríos

bajo la manta

Tu mirada triste

siempre

en el mes de marzo

El horizonte no era más

que un movimiento

distraído de tu brazo

ante tus ojos:

todo gris, sin embargo

desde este lado

La irrealidad

se hizo sólida

contra el muro

de tu espalda

con sólo levantarte

Apenas necesité

que te fueras

para recordar

que yo también

estaba envenenado

Manos de árbol

noviembre 25, 2009
Quizá sea por las horas que he pasado bajo la ducha

adormecido

o por todos los minutos que anduve anoche

entre las sábanas

rebuscando

o por el frío largamente esperado

de este otoño moroso

o el impacto de las bobadas automáticas

vomitadas contra el teclado

pero hoy no soy capaz de liar bien un cigarrillo

ni escribir con decencia mi propio nombre

ni chasquear despreocupado los pulgares

o sostener un objeto frágil

más allá de dos pasos

Hoy no puedo refrescar con las yemas y las uñas

las rutas de piel que juntos

hace siglos

transitamos

Mis manos son inútiles extensiones

de la permanente inercia

de las discapacidades emocionales

Efectoras de mil hechos inconclusos

y mendigas ateridas

de idílicas responsabilidades

Sólo estamos a miércoles

y ya encarno la esencia

de un árbol que no da fruto

Imagínate

dentro de un año

 

 

Todo

noviembre 21, 2009

 

Sonríe:

 todo discurre en el vacío.

La ruina más hermosa

noviembre 7, 2009

Si cierro los ojos veo tu rostro

manchado de tinta

y exudo el eco amortajado de tus pasos

Nosotros somos la ruina más hermosa

contenemos la esencia absoluta del vacío

nos sostenemos corrompidos

en los cimientos del adiós más exquisito

pero jamás después de muertos

conmemoramos el pasado

Vulgares un instante, sólo

una danza

o la atención a una visita

o un engranaje

o un regalo

perdidas las puertas que nos contenían

una letra absorta

el polvo filtra y, hostil, profana

(vulgares un instante)

con la excusa más perfecta

(sólo) 

por fin los rasga

La belleza no es tal

como antaño nos decían:

toda estancia alimenta el moho

desde la primera piedra

bajo la piel de los muros empapelados

Nosotros somos la ruina más hermosa

la decadencia de los edificios devastados

Yo soy la ruina más hermosa

Mientras me desmorono

lentamente

el dolor escapa por los vanos

Su nombre (entre todo lo que es suyo).

octubre 19, 2009

Oh, sí, llegó… ¡Por supuesto que llegó!  Algo ruidosa al principio, pero impasible, sin dramatismos, natural, como nos alcanzan los eventos que siguen sus propias reglas, y que son del todo conscientes del peso de su nombre, y de su vulgaridad.  Esparció sus cosas por mi habitación, de cualquier manera. Eligió el lado derecho de mi cama. Me acompaña en casi todos mis recados. Se cuelga de mi brazo. Y la mayor parte del tiempo no se hace apenas notar.

Si salgo de bares, por ejemplo, se queda callada a mi lado hasta que suena una canción que a ambos nos gusta, y entonces se contonea, triste y felina,  hasta que otra melodía, otro cuerpo, otro baile – más vehemente, más sórdido, más vivo – nos sume en un olvido repentino, tanto como fugaz.

Mientras cocino, tiendo la colada, o me masturbo, me observa desde cierta distancia sin intervenir, insistente, esforzándose por que quede patente su presencia; no como una amenaza, sino como una llamada lejana.

Otras veces, sin embargo, le gusta jugar a sorprenderme: le pierdo la pista, casi del todo, pero el sonido de sus pies arrastrándose me avisa en el último instante de que no se ha terminado de marchar. Me abraza por la espalda, mientras sentado frente al escritorio finjo que estudio – que la ignoro -, y acerca su boca a mi oído para susurrarme, sarcástica:

-Tenemos las mismas hechuras.

Entonces yo la miro por encima del hombro, acercando mi boca a la suya:

-Te he dicho mil veces que no te pongas mi ropa sin permiso, puta.

Y suelta una carcajada, y “¡Qué más da!”.

Y lo sé, es cierto. Haber pasado la mayor parte de mi tiempo negando que por temporadas somos dos gotas de agua… ¡Qué insignificante, qué infructuoso empeño!  Incoherente, además…

Puesto que en ocasiones, lo confieso, soy yo quien la invoca primero, deleitándome en cada sílaba de su nombre (Nabokov, claro), en su peso reincidente, resignado, sensual: Nostalgia…

Repetidlo conmigo, no tiene sentido negarlo. A nadie más le pertenece con mayor derecho su nombre que a las propias palabras:

 Nossstaaalgia… 

Y viene, complaciente, cuando la llamas. Pero nunca puedes estar seguro de cuándo  se piensa marchar.

(Casi todas las señales)

agosto 26, 2009

Puedo amar con todas mis fuerzas y, de la misma manera, a veces odio. Mi odio y mi amor son de mentira, porque se dirigen a la nada. Todo de mí parte y en mí rebota. A mí me hiere, y a mí me mata.

No somos, ni fuimos alguien mientras éramos juntos. Bailamos alrededor de un hueco. Invocamos nuestras pasiones, cegados. Y, a veces, nada.

Ahora no huyo, modifico mi camino.