Posts Tagged ‘camino’

Tanto

julio 2, 2011

Adoro cómo el óleo se transforma según la luz, según el filtro de la cámara. La misma imagen inmóvil cuenta historias distintas, y es distinto el frío, el calor, o la humedad.

Últimamente he vuelto a tener pesadillas con una Facultad de Bellas Artes, igual que hace doce años las tenía con un mercadillo, y hace veintimuchos con Frankenstein. Al final del sueño siempre te reencuentro, y eres distinto, y la luz es diferente, y yo he cambiado también.

Es delicioso cómo, pulsando un botón, la tela blanca se llena de nubes, y de mar, y una silueta en blanco de repente se convierte en alguien que llora, y narra el testimonio de alguien, ahora ya real e imaginario, que una vez tuvo que llorar.

Los sueños y las pesadillas están ahí, simplemente, vienen y van, porque tienen vida propia.

Los cuadros y los cuentos la tienen también, y los elijo yo.

El pasado no, porque ya no se mueve, y no hay sitio para él entre tanto disolvente y tantos papeles.

Quedan muchas cosas todavía, en general.

Yo sueño.

enero 23, 2011

 

Cuando me empezaron a salir las muelas del juicio, las inferiores, que fueron las primeras en hacer acto de presencia, se hizo patente en mis mandíbulas que la relación entre el espacio disponible y la profusión piñatil no estaba en absoluto equilibrada. Con paciencia y mala uva fueron pugnando por hacerse un huequecito dentro de mi boca, y terminaron por romper el bonito orden que sus compañeros más veteranos habían acordado, asaltándome con una desagradable sensación de presión en los momentos más insospechados, especialmente por las noches, y en los incisivos, que no tardaron mucho en ceder a su vil empuje. Uno de ellos no tuvo otra opción que dar un paso hacia atrás, y como recompensa a tamaña “generosidad”, ahora destaca sobre la línea de mi sonrisa, y en la señal de la mordida en manzanas y pieles ajenas.

Anoche soñé que mi incisivo se movía. Lo atenazaba entre el índice y el pulgar y hacía fuerza hacia delante, de tal manera que, tras un sonoro chasquido, adelantaba a sus compañeros – lluvia de esquirlas mediante – e, indoloro, cedía con toda su raíz, larga y amarfilada, como una tecla curva de piano, rasgándome el labio y quedando suspendido, expectante, casi ajeno por fin a esa oquedad de la que no brotaba música alguna.

No puedo decir que fuera un sueño feo en sí, ni desagradable, pero en realidad no fue demasiado bonito si lo comparo con el sueño que vino antes de él: J. y J., tan enamorados como siempre, protagonizaban un cortometraje, que al parecer se estrenaba en primicia para mi fase REM. Resultaba tan entretenido, y coherente, y la fotografía era tan hermosa, que a ratos me despertaba y me prometía con firmeza transcribir todos los diálogos y describir todas las escenas, porque realmente me parecía que en conjunto, para ser un sueño, resultaba una buena obra de ficción. Huelga decir que al final no lo he hecho.

Lo cierto es que hablar y escribir, en los últimos tiempos, podría decir que me dan pereza. Pero en realidad es sólo que no encuentro el momento para hacerlo, para hacerlo sin dejar pendientes otras tareas más urgentes y a las que me resulta más penoso renunciar . No sólo porque trabajar y opositar al tiempo es oficio duro y largo, cual diente de piano, sino porque además es complicado compaginarlo con pintar…

Y no puedo dejar de pintar en este momento. No ahora, que tengo casi treinta años, que acabo de coger los pinceles, que por primera vez en mi vida siento que no necesito decir, ni escribir nada.

Risa

noviembre 29, 2010

 

A veces me reía mucho, hasta reventar.

Echo de menos reventar, y manchar las paredes y el techo de pura inconsciencia.

Por si sigo

noviembre 6, 2010

En algún lugar debes de estar,

aunque todos los sitios comunes

te echan dolorosamente de menos

A punto de llegar sigues siempre

mientras converso y, disimulando,

te busco de reojo tras las ventanas,

y buceando bajo los reflejos

Es mentira:

Ni entre mis apuntes,

ni tras las esquinas oscuras,

ni en las callejuelas desiertas

ni en los tugurios del centro,

ni siquiera ya dentro de mi pecho estás,

y eso que ha sido tu lugar favorito

para esconderte durante tanto tiempo

Te buscaría con afán en otro sitio

si pudiera,

créeme,

y me quitaría esta membrana

espesa y húmeda,

carnosa como un higo,

para poder deslizarme entre los resquicios

de los malentendidos,

y encontrarte

en una palabra que pasara por alto,

o en la velocidad cansada

de tus últimos suspiros

Simplemente para saber que estás ahí

No por nostalgia

Simplemente para saber que sigo

A tientas

octubre 19, 2010

 

Al final del pasillo se encuentra el punto

en el que todo encaja

en el que todos los pasos deslavazados

cobran sentido

La oscuridad me envuelve todavía

como una mortaja

y las pupilas tengo trasladadas

a la punta de los dedos

mientras avanzo

Seguro ahora

de encontrar

la razón primera

gérmen y ojo

de todo el torbellino

cual sonámbulo me desplazo

a tientas, sabedor

de que sólo tras tocar

el muro gélido

podré razonar en la distancia

y convencerme

de que no vagué

sino seguí un camino

que ahora

sólo intuyo

Recuerdo

septiembre 20, 2010

Recuerdo aún

tus pies fríos

bajo la manta

Tu mirada triste

siempre

en el mes de marzo

El horizonte no era más

que un movimiento

distraído de tu brazo

ante tus ojos:

todo gris, sin embargo

desde este lado

La irrealidad

se hizo sólida

contra el muro

de tu espalda

con sólo levantarte

Apenas necesité

que te fueras

para recordar

que yo también

estaba envenenado

Mancho

julio 18, 2010

 

He empezado a pintar al óleo.

Las horas se pasan como si buceara.

Me mancho los dedos y disfruto de los olores, las formas, el tacto y los matices, en un rapto que resulta casi, casi carnal.

Escribir y pintar es la misma cosa, he descubierto.  Pinto igual que escribo, en todos los sentidos. Dejo de buscar fuera lo que quiero hallar dentro de mí.

Y me muero del gusto, desangrándome en el resultado.

Es muy divertido.

El dolor

junio 10, 2010

 

¿Qué pueden importarme a mí tus versos?

El mundo está hundido, y apenas nos plantean

asideros a los que agarrarnos

Aquellos a los que amo sufren, y yo recibo

miradas hastiadas en el trabajo,

dejo que se cuele una señora en el super,

que mi ropa se apolille en la lavadora,

que a esta noche le siga un día

tan áspero y doloroso como el que ahora termina

¿Qué pueden importarme tus versos?

¿Van a darme de comer, cuando me despidan,

a sanar la enfermedad, purificar el aire,

devolverme la esperanza, fregar el suelo,

desinfectar el baño?

¿Qué pueden importarme realmente tus versos?

Lo mismo que nos importa a ambos mi propio dolor,

ni más ni menos,

translúcido, como un viejo tul, reseco,

de tanto estirarlo,

jirones sueltos sin ningún significado

Nada, mientras la vida siga siendo la vida,

y el arte, sólo un engaño

La dádiva

junio 7, 2010

Una vez, cuando mi gata era muy pequeña (han pasado más de diez años), le dejé que me mordiera la mano.

Yo había ido a visitar a mis padres y, en el calor del mediodía, ella y yo perezoseábamos sobre mi cama, yo bajo la mirada atenta de sus redondos ojos amarillos. Era diminuta, y dulce, a pesar de sus arranques de mal genio. Huesecillos de espuma guardados en un saquito aún suave, adictos a los teclados de los ordenadores, a la lluvia, a las libélulas, a mí.

En algún momento me rasqué un lunar y, por alguna razón, un rebullo estremeció su cuerpecito gris, y sus pupilas alargadas se centraron en mi mano, y sus músculos se tensaron, indecisos, como si no consiguiera dejarse llevar libremente por el impulso de morderme.

Me dio la sensación, perenne canal de pulsiones ajenas, que ella necesitaba hacerlo. Que aquella urgencia nos sorprendía a ambos por igual. Que sufría, por el deseo de morderme.

Y sentí compasión por ella, porque yo también he sido presa de mi propia naturaleza.

Así que extendí la mano lentamente, contentiendo la respiración, y le brindé mi blanquecina carne. Sus ojos se iluminaron, y clavó sin más sus afilados colmillos en mí.

La placidez volvió a ella; se recostó, a pocos centímetros de mis rodillas, y se quedó dormida.

Yo sonreí, mientras estudiaba mi enrojecida piel y me tumbaba de nuevo. Había sido un mordisco dulce, delicado, protocolario. No dolió lo más mínimo.

Fue liberador.

La clave

mayo 27, 2010

 

A grandes “problemas”, grandes disoluciones.