Archive for the ‘luz’ Category

Pequeño sueño

julio 16, 2012

Podría hacerme una camita con todos los pedazos de papel que estoy encontrando en mis cajones, mezclados entre mi ropa incluso, mientras preparo mi mudanza.

Dormiría todas las noches sobre extractosbancarios y ticketsdelacompra y dibujosyversoshuérfanos y me despertaría cada vez más tatuado, con la piel más emborronada de trazos y símbolos imposibles de descifrar, cuyo secreto contendría la verdadera fórmula de mi vida luminosa y gris de antiguo insomne.

Soy un optimista patológico, y sé que esta mudanza será el Adiós definitivo. Por primera vez en años habitaré en estancias que tú no has visto, atiborradas de cuadros de los que no te he hablado, y dormiré en una cama que no expire los estambres de tu fantasma.

Adiós, pequeño sueño. Gracias por tantas y tantas madrugadas.

Tanto

julio 2, 2011

Adoro cómo el óleo se transforma según la luz, según el filtro de la cámara. La misma imagen inmóvil cuenta historias distintas, y es distinto el frío, el calor, o la humedad.

Últimamente he vuelto a tener pesadillas con una Facultad de Bellas Artes, igual que hace doce años las tenía con un mercadillo, y hace veintimuchos con Frankenstein. Al final del sueño siempre te reencuentro, y eres distinto, y la luz es diferente, y yo he cambiado también.

Es delicioso cómo, pulsando un botón, la tela blanca se llena de nubes, y de mar, y una silueta en blanco de repente se convierte en alguien que llora, y narra el testimonio de alguien, ahora ya real e imaginario, que una vez tuvo que llorar.

Los sueños y las pesadillas están ahí, simplemente, vienen y van, porque tienen vida propia.

Los cuadros y los cuentos la tienen también, y los elijo yo.

El pasado no, porque ya no se mueve, y no hay sitio para él entre tanto disolvente y tantos papeles.

Quedan muchas cosas todavía, en general.

Yo sueño.

enero 23, 2011

 

Cuando me empezaron a salir las muelas del juicio, las inferiores, que fueron las primeras en hacer acto de presencia, se hizo patente en mis mandíbulas que la relación entre el espacio disponible y la profusión piñatil no estaba en absoluto equilibrada. Con paciencia y mala uva fueron pugnando por hacerse un huequecito dentro de mi boca, y terminaron por romper el bonito orden que sus compañeros más veteranos habían acordado, asaltándome con una desagradable sensación de presión en los momentos más insospechados, especialmente por las noches, y en los incisivos, que no tardaron mucho en ceder a su vil empuje. Uno de ellos no tuvo otra opción que dar un paso hacia atrás, y como recompensa a tamaña “generosidad”, ahora destaca sobre la línea de mi sonrisa, y en la señal de la mordida en manzanas y pieles ajenas.

Anoche soñé que mi incisivo se movía. Lo atenazaba entre el índice y el pulgar y hacía fuerza hacia delante, de tal manera que, tras un sonoro chasquido, adelantaba a sus compañeros – lluvia de esquirlas mediante – e, indoloro, cedía con toda su raíz, larga y amarfilada, como una tecla curva de piano, rasgándome el labio y quedando suspendido, expectante, casi ajeno por fin a esa oquedad de la que no brotaba música alguna.

No puedo decir que fuera un sueño feo en sí, ni desagradable, pero en realidad no fue demasiado bonito si lo comparo con el sueño que vino antes de él: J. y J., tan enamorados como siempre, protagonizaban un cortometraje, que al parecer se estrenaba en primicia para mi fase REM. Resultaba tan entretenido, y coherente, y la fotografía era tan hermosa, que a ratos me despertaba y me prometía con firmeza transcribir todos los diálogos y describir todas las escenas, porque realmente me parecía que en conjunto, para ser un sueño, resultaba una buena obra de ficción. Huelga decir que al final no lo he hecho.

Lo cierto es que hablar y escribir, en los últimos tiempos, podría decir que me dan pereza. Pero en realidad es sólo que no encuentro el momento para hacerlo, para hacerlo sin dejar pendientes otras tareas más urgentes y a las que me resulta más penoso renunciar . No sólo porque trabajar y opositar al tiempo es oficio duro y largo, cual diente de piano, sino porque además es complicado compaginarlo con pintar…

Y no puedo dejar de pintar en este momento. No ahora, que tengo casi treinta años, que acabo de coger los pinceles, que por primera vez en mi vida siento que no necesito decir, ni escribir nada.

Recuerdo

septiembre 20, 2010

Recuerdo aún

tus pies fríos

bajo la manta

Tu mirada triste

siempre

en el mes de marzo

El horizonte no era más

que un movimiento

distraído de tu brazo

ante tus ojos:

todo gris, sin embargo

desde este lado

La irrealidad

se hizo sólida

contra el muro

de tu espalda

con sólo levantarte

Apenas necesité

que te fueras

para recordar

que yo también

estaba envenenado

Mancho

julio 18, 2010

 

He empezado a pintar al óleo.

Las horas se pasan como si buceara.

Me mancho los dedos y disfruto de los olores, las formas, el tacto y los matices, en un rapto que resulta casi, casi carnal.

Escribir y pintar es la misma cosa, he descubierto.  Pinto igual que escribo, en todos los sentidos. Dejo de buscar fuera lo que quiero hallar dentro de mí.

Y me muero del gusto, desangrándome en el resultado.

Es muy divertido.

Perfectos

junio 30, 2010

 

La respuesta siempre era sí.

Se podía ser más guapo, se podía ser más listo, se podía querer más, se podía sentir más placer. A expensas de ese sí, que marcaba una meta inalcanzable, transcurrían los días deprisa, como una carrera, en la que no era tan importante llegar al destino como no quedarse definitivamente atrás.

Definitivamente atrás, siendo menos.

Librarnos de ese afán por correr, de esa prisa, mejoró nuestra habilidad para dibujar formas redondeadas. Para distinguir nuestro olor a limpio. Los matices de nuestros iris y de nuestros orgasmos. Algo feos, es cierto, algo flacos, algo cortos, algo lentos.

Perfectos, al fin y al cabo, tal como éramos.

Aprendimos, sobre todo, a dibujar.

La clave

mayo 27, 2010

 

A grandes “problemas”, grandes disoluciones.

K.O.

mayo 22, 2010

 

Hace unas semanas que me ocurre algo un poco extraño: me despierto dándome golpes. No son golpes demasiado fuertes, pero sí lo suficiente como para sacarme del sueño sobresaltado, y confuso por no conseguir recordar si estaba teniendo alguna pesadilla que los justificara.

Anteayer estaba escribiendo algo para colgarlo aquí. Hablaba sobre el arte, las palabras, y los desengaños.

Cada vez más, mientras escribo, tengo la certeza de estar contando insignificancias, porque en mi crisis de fe literaria y vital, que viene y va en ciclos, me resulta bastante costoso terminar cualquier texto que refleje de manera más o menos directa mi experiencia, o mis opiniones, que sé que al cosmos le importan poco menos que un cojón. Y dado que en las últimas semanas no siento demasiadas ganas de pseudopoetizar, empezaba a sentir que me llegaba al cuello ese asfixiante vacío que mana de forzarse a escribir, cuando lo que el espíritu te pide a voces es estar callado.

Estaba replicando aquello mismo de lo que hablaba, aún preso de mi trampa, con el lastre de mis inercias apresándome los pies.

Pero, mágicamente, alguien vino a sacarme de esa angustia prodrómica, a fuerza de bofetada verbal. Alguien que se alejaba.

A veces, lo más sabio es dejar atrás los sueños. Esto, todo esto, puede que no nos permita avanzar, en la dirección que sea que hayamos escogido. Me repito, sé que no es la primera vez que lo digo.

Ahora se mezclan imágenes un poco borrosas, a medio cuajar, con otras tan vívidas que dan ganas de partirse el esternón a puro grito. Pero y qué, ¡reacciona!, dan igual. Nada de esto es tan importante como el hecho de que hay que poner una lavadora, fregar el baño, madrugar mañana para ir al curro.

(Sólo quedan los restos de lo que ya no soy como referencia. Somos putas y estamos solas, ¿recuerdas?).

Entre toda esta misera existe, lo sé, aquello que estoy buscando. No es algo, ni es nadie.Pero para encontrarlo, para poder verlo, sé que es necesario pasar por esto. Por sacarse a hostias de los sueños. Desencajarte la puta mandíbula con una dosis de realidad.

Lunes

mayo 17, 2010

 

En www.nosinmicamara.blogspot.com han tenido la deferencia de conceder a este no-blog el galardón que sigue:

 

Desde aquí les damos las gracias con una sonrisa, porque nos enseñaron a aceptar los halagos sin rebatirlos, a pesar de que dudemos profundamente que los merezcamos 🙂

Empezamos la semana contentos, en general, a pesar de que algunos miedos, como abejas, no cesan de rondarnos.

Contentos, porque volvemos a trabajar.

Tenemos una esfera de luz en el bolsillo.

La piel quemada por el delicioso sol del campo, este domingo (Cómo te entiendo ahora, cabroncete, cómo).

Las recaídas no son tales, son una parte fundamental del proceso de superación.

Pongo cara de idiota, a millones de kilómetros de distancia, porque soy  idiota, y porque la tengo.

Sólo hay que dejar de hacerles caso, a los miedos. Son mentiras. Ya no quiero literalizar, así que ahora no puedesn hacerme daño. Si yo no les dejo, claro.

Os deseo feliz semana, pequeños soles. He de poner los pies en la tierra durante unas horas, para ganarme el sustento. Desarmar el estrés a golpe limpio de mulhadara.

:-*

Es cierto

marzo 23, 2010

Habrá una segunda y una tercera parte, pero en todo momento estaremos hablando de la misma historia.

Cumplen un año estos días, ellos tres, y se van enraizando sus voces y sus pasos con mayor profundidad, al tiempo que los brotes de sus ramas abren la punta de los dedos y murmuran sus más tiernos y frívolos colores.

Cada nuevo descubrimiento me hace temer un poco más que de repente todo se desvanezca, que cualquier vacío al acecho le gane el terreno a lo que ya sostiene, casi, lo sólido. Temer sobre todo que llegue la sospecha de que ya estuviera sucediendo.

Pero al igual que han pasado las estaciones, estos meses, que unos vacíos han sido sustituidos por otros, y que algunas añoranzas aún, pese a los nuevos logros, sobreviven, los tres permanecen, en continuo cambio. Como el mejor antídoto, y como una grata compañía. Y es una buena noticia; lo vean como lo vean ellos. En realidad, sé que no lo es sólo para mí.

Un año no es nada, es cierto.

Nada.

Hace tiempo no imaginaba que la vida era así. En ningún sentido.