Tanto

Adoro cómo el óleo se transforma según la luz, según el filtro de la cámara. La misma imagen inmóvil cuenta historias distintas, y es distinto el frío, el calor, o la humedad.

Últimamente he vuelto a tener pesadillas con una Facultad de Bellas Artes, igual que hace doce años las tenía con un mercadillo, y hace veintimuchos con Frankenstein. Al final del sueño siempre te reencuentro, y eres distinto, y la luz es diferente, y yo he cambiado también.

Es delicioso cómo, pulsando un botón, la tela blanca se llena de nubes, y de mar, y una silueta en blanco de repente se convierte en alguien que llora, y narra el testimonio de alguien, ahora ya real e imaginario, que una vez tuvo que llorar.

Los sueños y las pesadillas están ahí, simplemente, vienen y van, porque tienen vida propia.

Los cuadros y los cuentos la tienen también, y los elijo yo.

El pasado no, porque ya no se mueve, y no hay sitio para él entre tanto disolvente y tantos papeles.

Quedan muchas cosas todavía, en general.

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